Número uno. La excelencia y el aprendizaje continuo

Autor: Anders ericcson y Robert pool9788416029815

Editorial: Conecta

Este libro surge de la unión de un prestigioso psicólogo (Anders Ericsson) con un escritor científico (Robert Pool) nos ofrece un análisis de los “ejecutantes extraordinarios” que son los profesionales excelentes. Analizan y plantean una serie de conceptos muy sencillos asociados al entrenamiento para conseguir ser Excelente. En esta nueva área del aprendizaje debemos basarnos en el poder de la práctica intencional, configurar el cerebro en función del entrenamiento, y de las representaciones mentales, y de los patrones de referencia. El aprendizaje en situaciones complejas necesita de modelos, de interacciones y de ideas paraguas donde colgar todas las demás ideas. Este libro potencia que el reto de la excelencia es una tarea incremental diaria retando a nuestra capacidad de adaptabilidad con muchas horas de trabajo. El valor del esfuerzo y una estrategia diaria como bases para aprender, buscando en cada ocasión que nos da el entorno un verdadero reto profesional. Saber aprender es la característica básica de ser un profesional excelente.

Practicando el análisis de las personas excelentes o los que tienen el “don” del talento, los autores proponen 4 conceptos psicológicos que les hacen extraordinarios y que son:

  1. La práctica intencional
  2. Aprovechar la adaptabilidad
  3. Potentes representaciones mentales
  4. Enormes prácticas para llegar al patrón de referencia

La práctica intencional. Es el concepto fundamental de este libro que proponen los autores, es practicar pero no solo por repetir (práctica ingenua) sino tener la intención de conseguir algo. Implica reflexión y poner foco para saber ¿Por qué? ¿Para qué? , se está practicando. Por tanto tiene objetivos concretos bien definidos. Tiene un claro objetivo a largo plazo y que se caracteriza en una expectativa realista de mejora en cada práctica diaria. Por tanto, la practica intencional es focalizada y requiere centrar la atención. Y además reúne estas características:

  • Implica feedback para saber si se está haciéndolo bien o te equivocas.
  • Requiere salir de la propia zona de confort, si uno no se fuerza nunca a ir más allá de su zona de confort, no mejoraríamos.
  • No sólo es esforzarme más, sino esforzarse de manera distinta. Aquí está la utilidad de un entrenador alguien que ya está familiarizado con esta clase de obstáculos y que nos sugiere una nueva forma de vencerlos.
  • Mejorar no siempre es fácil. Mantener la concentración y el esfuerzo requiere que la práctica intencional sea una labor ardua, y en general no resulta divertida.

La práctica intencional es salir de tu zona de confort, centrada en nuestra intención, con objetivos claros, un plan para alcanzar dichos objetivos y de una forma monitorizar los progresos a través del feedback.

Aprovechar la adaptabilidad. Parten de la evidencia de que tanto la estructura como la función del cerebro cambia en respuesta a diversos tipos de entrenamiento mental, de igual modo que los músculos y el sistema cardiovascular responden al entrenamiento físico. Es muy interesante el análisis del cerebro de los taxistas londinenses, que se desprende del estudio de Maguire de 2011, donde el incremento de las neuronas en el hipocampo posterior de los taxistas con licencia subyacen el incremento de sus capacidades de navegación.

El concepto de adaptabilidad cerebral ha sido más difícil que reconocer que el de adaptabilidad física. Pero los estudios de plasticidad cerebral en invidentes, sordos y otros discapacitados nos dicen que la estructura y la función del cerebro no están fijados sino que cambian en respuesta al uso.

¿Por qué somos tan adaptables? Pues irónicamente, ello se debe al hecho que las células y los tejidos individuales intentan al máximo posible que todo permanezca igual. Les gusta la estabilidad y tienen un deseo de homeostasis del cerebro, es decir, si lo forzamos con la suficiente intensidad y durante el suficiente tiempo, responderá cambiando de forma que haga que ese esfuerzo resulte más fácil de realizar. Esto explica el valor de estar ligeramente fuera de la nuestra zona de confort, pues tenemos que forzar para que el cerebro produzca cambios compensatorios pero si no forzamos a ir demasiado lejos tenemos el riesgo de retroceder. Por tanto hay un punto óptimo para el cambio en el que se ve un poco forzado más allá de su zona de confort, pero no excesivamente.

El cerebro responde a los retos desarrollando nuevas habilidades es la base de la eficacia de la práctica intelectual y deliberada. El entrenamiento mental regular produce cambios en aquellas partes del cerebro que se ven desafiadas por dicho entrenamiento. El cerebro se adapta a esos desafíos reconfigurando sus circuitos cerebrales de formas que incrementa su capacidad de realizar las funciones que aquellos requieres. Pero hay que tener en cuenta:

  • Que los efectos del entrenamiento en el cerebro varían por la edad.
  • Que un entrenamiento prolongado puede tener un precio
  • Que los cambios cognitivos y físicos causados por el entrenamiento requieren un mantenimiento.

La gran noticia es que nosotros creamos nuestro propio potencial. Y esto nos lleva a un enfoque diferencial del aprendizaje. Lo importante no es practicar sino retar continuamente a tu cerebro en que cree nuevas habilidades e incremente su potencial. No se trata de desarrollar tu potencial sino de crearlo.

Potentes representaciones mentales. Analizando el ajedrez, los autores consiguen apreciar el valor del recuerdo a tenor de las representaciones mentales como es el recuerdo de las posiciones de una partida de ajedrez con tanta precisión. Tras años de práctica posibilitan a los ajedrecistas reconozcan patrones de piezas de ajedrez de un solo vistazo, y no solo sus posiciones, sino también las interacciones entre ellas. Un maestro lleva acumuladas alrededor de cincuenta mil de estos patrones “trozos” que le permite retener en la memoria a largo plazo. Son importantes además de la intención y la adaptabilidad poseer una potente representación mental que observamos en el profesional excelente. Una representación mental es una estructura intelectual que se corresponde con un objeto, una idea, un conjunto de informaciones, concretas o abstracta, en la que esté pensando el cerebro.

La práctica deliberada implica desarrollar representaciones mentales cada vez más eficientes que se puedan utilizar en cualquier actividad que se realice. Pero estas representaciones son muy específicas para cada ámbito, es decir, que solo se aplican aquella destreza para la que se desarrollan, no existe una destreza general.

El ejecutor experto tiene la habilidad de ver patrones en una colección de cosas que parecen aleatorias a personas con representaciones mentales menos desarrolladas. Los expertos ven el bosque donde todos los demás ven sólo árboles.

Y la ventaja clave de las representaciones mentales reside en que nos ayudan a tratar la información, a entenderla e interpretarla, retener en la memoria, analizarla y tomar decisiones a base de ellas. Y esto se refleja:

  • La clave de un diagnóstico acertado (por ejemplo de un médico) no es tener los conocimientos, sino tener dichos conocimientos organizados y accesibles.
  • Que las representaciones mentales nos permite planificar una obra, guie nuestros esfuerzos, luego monitorizar y evaluar dichos esfuerzos y estar dispuestos a modificar esa representación en caso necesario.
  • Que las representaciones mentales no son sólo el resultado del aprendizajes de una destreza, sino también pueden ayudarnos a aprender.
  • Cuando nos esforzamos en hacer algo nuevo, como desarrollar una nueva destreza, también ampliamos y perfeccionamos nuestras representaciones mentales.

Enorme práctica para llegar al patrón de referencia. Es que cualquier práctica deliberada debe tener un patrón de referencia, “el ideal” al que debe aspirar cualquiera que esté aprendiendo una destreza.

¿Las diferencias entre los excelentes y los buenos es por el talento innato? Los autores creen que utilizando el análisis del reto del violín que no es debido al talento innato sino a la cantidad y el tipo de práctica y las diferencias de motivación en cada caso. Las diferencias entre los buenos y los muy buenos y mejores de los violinistas de la Universidad de Arte de Berlín no estaba en conseguirlo en menos horas de práctica, y es más, los músicos más excelentes habían dedicado más horas todavía. Nadie desarrolla habilidades extraordinarias sin realizar enormes cantidad de práctica. Aquí destacamos que la práctica deliberada es un tipo de práctica intencional que se caracteriza:

  • Desarrolla destreza con técnicas de entrenamiento eficaces. Está diseñado por un entrenador (música, ballets, ajedrez).
  • Requiere un esfuerzo casi máximo, en general, no resulta placentero.
  • Tiene objetivos muy definidos y no una vaga mejora general.
  • Requiere plena atención y acciones conscientes de la persona.
  • Genera representaciones mentales eficaces y a la vez depende de ellas.
  • Se centra en mejoras concretas de la destreza.

La práctica deliberada como la máxima representación de la práctica intencional define el concepto de las diez mil horas de práctica expuesto en el libro “Fuera de Serie” de Malcolm Gladwell, precisamente diciendo que es cierto pero que no es una ley. Es un condición necesaria pero no suficiente, no por hacer diez mil horas de práctica eres un profesional excelente, pero es ser muy bueno, pero la excelencia está en la mezcla mágica del proceso de cambio que ha generado tu habilidad.

Este libro refleja la aportación que el psicólogo Anders Ericsson está ofreciendo en estos últimos años y que junto al divulgador Robert Pool nos plantea una gran obra. El futuro del aprendizaje, la educación y el talento no están determinados por lo innato, lo especial y lo único, sino por el esfuerzo deliberado, guiado por fuertes representaciones mentales con grandes patrones de referencia y, ante todo, con el trabajo diario de ser mejor por lo que se aprende en cada día. No hay que trabajar sólo, hay que aprender además de trabajar. El talento, por tanto, no es una capacidad que se tenga sino que se crea con práctica deliberada.

Al leer este libro estoy aprendiendo, y por tanto estoy teniendo un mayor potencial.

 

Javier Cantera, Socio del Club de Bibliocoaching

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