“El cociente agallas,” de Mario Alonso Puig

cocienteagallasANÁLISIS DE LA OBRA Y SU AUTOR

“El cociente agallas”, Premio Espasa de Ensayo 2013, es otra obra del Dr.
Mario Alonso Puig, médico especialista en Medicina General y del Aparato
Digestivo. En ella nos hace ver la posibilidad de reenfocar nuestras vidas para
tener un mayor control, equilibrio y disfrute de la misma.

Otros libros suyos son: “El guardián de la verdad”, “La respuesta”, “Madera de
líder”, “Vivir es un asunto urgente”, “Reinventarse: tu segunda oportunidad”,
“Ahora yo, la respuesta está en tus manos”.

RESUMEN DE LA OBRA

Muchos de los problemas a los que nuestra sociedad se enfrenta se
desvanecerían si nos diéramos cuenta de la dignidad y el enorme potencial que
tenemos como personas. Somos biología, pero tenemos también una
dimensión espiritual.

El futuro no es algo que nos encontramos, sino que es algo que creamos.
Dentro de nosotros existe todo lo necesario para ser felices. Tenemos una
enorme capacidad para influir en lo que nos sucede. No hay mayor
impedimento para disfrutar de la felicidad que no entender lo que nos pasa
cuando nos sentimos pequeños e impotentes.

Antonio Damasio, en su libro “el error de Descartes”, nos enseña que no se
pueden tomar decisiones si la razón y la emoción no van de la mano. Debemos
escuchar nuestras corazonadas e intuiciones.

Richard Davidson, reconocido psicólogo y psiquiatra y fundador del “Center for
Healthy Minds”, ha descubierto que nacemos con un perfil emocional
determinado (unos vemos el aspecto negativo de la vida y otros, al contrario).

El gran psicólogo William James: “atrévete a pesar de tu miedo y acabarás
sintiendo valiente”. No estamos hechos de una vez, sino que poco a poco nos
vamos haciendo. Jamás es tarde para aprender algo nuevo. Cuando nos
animamos a vivir nuevas experiencias y a aprender cosas nuevas, ponemos en
marcha nuestra neuroplasticidad, es decir, la posibilidad de modular la
percepción de estímulos del miedo.

El médico francés Guillaume Duchenne estudió en 1862 que la sonrisa
auténtica es aquella en la que se contrae el músculo que rodea los ojos.
Cuando sonreímos de manera sincera, se activa la región prefrontal izquierda,
que activa las emociones positivas:

Se ha demostrado que las personas más positivas tienen un mayor control de
la amígdala por parte de la región prefrontal izquierda. Cuando la predominante
es la región derecha, deberíamos desarrollar más la izquierda, buscando
potenciar el lado positivo de las cosas, utilizando más palabras estimulantes,
haciendo ejercicio físico, meditando, usando la imaginación, aprendiendo a
descansar, teniendo ilusiones, cultivando la sonrisa y la alimentación, hablando
más con los demás, quitando hierro a las cosas, cooperando con otros, etc.

Hay cuatro estructuras cerebrales que tienen un impacto importante en
nuestras emociones:

1. La circunvolución fusiforme
2. El hipocampo
3. La ínsula de Reil
4. El núcleo Accumbens

1. La circunvolución fusiforme tiene gran importancia para captar
señales sociales.
2. El hipocampo hace que reconozcamos en el entorno, lo que nos hace
sentirnos cómodos y seguros. El análisis de las personas que sufren síndrome
de estrés postraumático ha revelado que su hipocampo se ha reducido.
3. La ínsula de Reil es el espacio donde se desarrollan las situaciones internas
propias:
4. El Núcleo Accumbens tiene una gran importancia en nuestra motivación e
ilusión. En la anticipación agradable producida por la activación del núcleo
Accumbens, interviene la dopamina. En la experiencia placentera de compra de
un objeto, etc., intervienen las endorfinas y las encefalinas.

Según estudios de la Universidad de Harvard, entre el 60 y el 90% de las
consultas a médicos generales son debidas a emociones tóxicas (ansiedad,
angustia, frustración, desesperanza, impotencia, desánimo, ira, culpa,
vergüenza, resentimiento). La infelicidad mantenida puede generar
enfermedad. Un estado de ánimo positivo favorece la salud y prolonga la vida.

Un optimista ve los problemas, pero se enfoca más en las oportunidades.
Winston Churchill decía: “Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad,
un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”. Muchas personas pesimistas han aprendido a serlo, porque han absorbido la creencia de que no pueden controlar su destino y les falta confianza en sí mismos o en otros para alcanzar ciertos éxitos.

La inteligencia, así como la memoria o la imaginación, se pueden desarrollar. Si
desarrollamos nuestro carácter, siempre encontraremos un camino para tener
éxito. El carácter es esa forma de ser en la vida que nos hace fuertes en la
dificultad y nos impide ser “manada asustada” cuando se presenta un peligro.
Las personas pesimistas no sólo es que se fijan más en lo negativo, es que se
sienten atraídas por lo negativo. Una de las experiencias más valiosas para
superar el estado de ánimo es hacer que la persona recuerde experiencias de
éxito pasadas. La mentalidad que tenemos, afecta a nuestro nivel de energía, a
nuestro entusiasmo, a nuestra confianza y creatividad, etc. Si rememoramos
esas experiencias de éxito, estamos favoreciendo a nuestro inconsciente. Lo
que de verdad nos dice si una persona es optimista o pesimista, es cómo vive,
no lo que dice. La mentalidad pesimista y un bajo termostato del riesgo están
muy conectados. El grado en el que se hereda el optimismo o el pesimismo,
parece estar alrededor del 40%. Nuestra resistencia frente a las dificultades, se
encuentra en estrecha relación con un correcto nivel de serotonina. Los genes,
más que decidir por sí el hecho de que la persona nazca optimista o pesimista,
la predisponen a ser más o menos susceptible al impacto del entorno.
Nosotros, con nuestras decisiones, podemos alterar la huella genética de las
siguientes generaciones. Esto es lo que estudia la epigenética (nuestras
propias experiencias pueden marcar nuestro material genético). No importan
sólo los genes con los que nacemos, sino también los genes que expresamos y
no expresamos en nuestra vida. Somos y vivimos, pero podemos ser y vivir de
diferente manera. Nadie está determinado a tener una forma de ser. Nuestros
genes se activan y desactivan en función de nuestro entorno, de las
experiencias vividas y de nuestra forma de imaginar, pensar y sentir…

Se sabe que la estimulación temprana mediante caricias tiene un efecto
positivo en la maduración de los niños prematuros.

Las personas podemos reinventar nuestra forma de ser. Para ello hemos de
adiestrar nuestra atención y fijarnos más en lo positivo que en lo negativo.
Cuando utilizamos palabras más positivas e interpretaciones de la vida más
positivas, eso nos va a generar una mayor confianza y entusiasmo a lo largo
del día. Así, además, fortaleceremos la zona prefrontal de nuestro hemisferio
cerebral izquierdo, reduciendo a su vez la actividad de la amígdala.

Cuando tenemos alguna sensación de control sobre la propia vida, ésta se
alarga: de ahí la importancia de dedicar unos minutos al día reflexionar y
planificar tu nuevo día. Una buena práctica es determinar dos cosas
importantes que deseamos conseguir.

Para John Gottman, en la relación de pareja, debemos fomentar más aún los
gestos de afecto, los mensajes de ánimo y las muestras de valoración y
respeto. De hecho, llega a decir que la relación entre los mensajes positivos y
los negativos debe ser de 5 a 1.

Cuando la genética, el entorno y el esfuerzo se encuentran, se crea algo
nuevo. La ficción del no poder, de no ser capaz, es la que anula nuestro
verdadero poder: incluso si una persona considera que genética y entorno han
tenido una influencia negativa en su vida, aún así le queda un tercer elemento
que sólo depende de ella. Hoy parece claro que somos, pero que también nos
hacemos.

En las áreas prefrontales es donde se mantiene la atención, que es lo que nos
permite mejorar. Por eso es fundamental poner pasión en lo que hagamos. Es
aquello de que quien tiene un “qué” y un “por qué”, acaba encontrando un
“cómo”. Nada es mejor que la ilusión y la motivación para desplegar los
talentos. Es mejor reconocer nuestra falta de coraje, de determinación y
compromiso, que escudarnos en una falta aparente de talentos y capacidades.
Es mejor reconocer que nos falta el “cociente agallas” a escudarnos en
nuestro insuficiente cociente intelectual. Damos por hecho, como en la época
de Descartes, que lo que de verdad cuenta para el éxito es el talento que uno
ha heredado y no el carácter que uno ha desarrollado. La frustración inicial que
se produce cuando erramos en nuestros intentos, se supera cuando creemos
en nuestras posibilidades. Al final los que triunfan son los que dan más valor a
lo que ellos creen de sí mismos que a lo que otros creen de ellos. Los ejemplos
de J.K. Rowling, John Lennon, Paul McCartney, Thomas Alva Edison, Walt
Disney y Michael Jordan, todos ellos rechazados por personas que pudieron
influir en ellos negativamente, nos empujan a dar valor a esto.

Cambiar un paradigma es cambiar una forma de ver las cosas. Esto no es algo
fácil de conseguir si nos hemos acostumbrado a ver las cosas de una manera
determinada y a esperar, no lo que es posible, sino lo que nos parece
razonable. Es cuando nos enamoramos del alcance que vemos en eso que
ahora es sólo una posibilidad y ponemos toda la pasión y determinación en
ello. Es importante poner todo lo que uno es, en todo lo que uno hace. No es
necesario ser grande para empezar, pero sí es imprescindible empezar para
ser grande.

En un cambio profundo, para salir de nuestra zona de confort, aparte de
nuestra cabeza, también debe ayudar el entusiasmo del corazón. Existe un
rechazo visceral a sentirse expuesto y vulnerable, a sufrir. Si el sentido de la
vida es superarnos, crecer y evolucionar, la aventura de la vida es atreverse.
Es fundamental tener alguna estrategia para evitar que la imaginación
intensifique el miedo que podemos tener en los primeros momentos de la salida de la zona de confort. Con hacer frente a la sensación de miedo presente, sin
permitir que se intensifique la del miedo al futuro, habremos ganado bastante.

Hemos de visualizar cómo va a mejorar nuestra existencia al dar ese paso para
superarnos. Los indios apache dicen que si no estamos dispuestos a
enfrentarnos a nuestros miedos, entonces nos pasaremos la vida huyendo. Las
cadenas de acero atan las manos, pero es la mente la que nos hace libres o
esclavos. Muchas personas se juzgan no por lo que de verdad son, sino por lo
que creen que son. A la hora de abandonar nuestra zona de confort, la clave es
actuar, no pensar, ya que el pensamiento encuentra razones muy fácilmente
para dejar las cosas como están. Para hacer realidad todo gran sueño, hace
falta mantener el esfuerzo por conseguirlo. Hay que tener aguante para sortear
los obstáculos que aparecen por el camino. Por eso, uno de los marcadores
más importantes del éxito, es la determinación por triunfar contra viento y
marea, pues de ahí surgen la persistencia y la paciencia necesarias. Podemos
ver el obstáculo de forma positiva, como un desafío que nos está llamando a
estirar nuestras capacidades. Y cuidado, porque existe en nosotros una
tendencia a volver a los viejos hábitos (“la cabra tira al monte”).

Nuestra fuerza en el presente depende de nuestra fe en el futuro. Utiliza tu
imaginación y tus emociones para crear en tu mente una realidad que te inspire
y entusiasme.

El camino del éxito es el camino de superación del fracaso. La única manera de
mejorar algo es aprender de nuestros errores, algo que no es posible si los
ocultamos, negamos, ignoramos o los utilizamos como medio para atacarnos a
nosotros mismos. Hace falta fortaleza mental para seguir adelante a pesar de
los obstáculos. Cuando pensamos que todo está mal y que no podemos
recuperarnos de los fracasos que experimentamos, nos llenamos de ira, de
sensación de impotencia y de desesperanza. Es importante que en estos
momentos recuperemos nuestro equilibrio emocional y veamos las cosas
positivas. Hemos de generar en nuestra mente la imagen no de las cosas como
parece que son, sino de cómo podrían llegar a ser. Aquello en lo que
pongamos nuestra atención, se va a hacer más real para nosotros. Cuando
situamos nuestro foco en las cosas negativas, nos faltará el ánimo para
ponernos en marcha con determinación. Es preguntarnos: “¿qué puedo
aprender de este error”?, más que “¿por qué nunca hago nada bien?”.

Cuando nos encontramos ante un obstáculo que no sabemos cómo resolver o
ante un fracaso que no sabemos cómo superar, es porque necesitamos algún
recurso que no estamos utilizando.

Quien sabe en lo más profundo de su ser que es valioso, no necesita sentirse
valioso a cada instante. Al no ser el ego más que una creencia de que estamos
separados del resto del mundo y que nos hallamos solos y en peligro, está
permanentemente comparándose y a la defensiva. Lo opuesto al miedo es el amor. Quien ama de verdad a los demás, no se siente amenazado y por eso no tiene miedo.

Toda persona que es agresiva en su comportamiento lo es porque sufre. Su
conducta no refleja otra cosa que sus sentimientos de confusión, desconfianza
y soledad, que son con frecuencia resultado de experiencias pasadas no
resueltas.

Cuando media la compasión, llegamos a un planteamiento ante el conflicto
interpersonal completamente distinto. Intenta ver un poco más allá de lo que
las personas expresan con sus palabras y conductas. Se trata de entender lo
que hay detrás de las apariencias. No buscamos estar de acuerdo a lo que
hace alguien, sino escuchar, comprender y conectar. No hay manera de
establecer puentes si sólo nos fijamos en la distancia que nos separa.

CONSEJOS PARA EL COACH

Debemos fomentar la activación en nuestros coachees de la región prefrontal
izquierda, ayudándoles a ser personas equilibradas, positivas y más seguras
de sí mismas. Esto producirá mejores resultados empresariales y les hará estar
mejor consigo mismos.
Tenemos que evitar que el miedo aparezca.

CONCLUSIÓN

La mejor inversión que cualquiera de nosotros podemos hacer es fomentar
nuestro equilibrio y ser más conscientes de la grandeza con la que nacimos.
Se trata de aprender a cuidar de nosotros mismos para así poder cuidar a
otros. El mundo necesita personas que irradien vitalidad, serenidad, alegría y
confianza. Dentro de nosotros existe mucho de lo necesario para ser felices y
en nuestras manos está aprovecharlo.

Ignacio Menéndez Ros
Director de Proyectos Grupo Blc

Un pensamiento en ““El cociente agallas,” de Mario Alonso Puig

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